La Alquimia del alma o ¿Qué hay en lo más profundo del ser? por Begoña Fernández Cabaleiro

La Alquimia del alma o ¿Qué hay en lo más profundo del ser?

Este curioso título -Alquimia del alma- junto al intento de relación de la serie de fotografías de Bogdan Ater con el Caravaggio puede crear de entrada una predisposición crítica negativa ante la obra del fotógrafo. El Caravaggio, su luz. ¿Quién ha podido emular el prodigio de luz y oscuridad de este artista? ¿Se puede alcanzar con técnica fotográfica la magia de la pincelada del gran maestro? Ante esto, la actitud que surge es de cierta dureza a la hora de interpretar la obra de Ater. Demasiado alta la aspiración.

Sin embargo, como siempre, se trata del engaño de las primeras impresiones. Sólo una mirada serena y profunda sobre su obra nos da la verdadera dimensión de su mensaje.

Caravaggio es solo un punto de partida, una inspiración. Ver cómo la luz pintada por Caravaggio se funde con la oscuridad, cómo actúa sobre la piel humana, cómo se diluyen los cuerpos desde la iluminación hacia las tinieblas. A partir de esa mirada Ater empezó a trabajar tratando de reflejar la Alquimia del Alma.

La alquimia, en general, es el proceso que va desde el “nigredo”, o parte más baja, a “rubredo”, el punto más alto del proceso de purificación del alma. En un sentido figurado, se trata de una transmutación hacia lo maravilloso e increíble.

Bogdan Ater parte de una mirada sobre el hombre iluminado desde la penumbra, percibido en las tinieblas y, a partir de ahí, nos da su propio hombre, el que es, el que puede llegar a ser o el que nunca llegará. Y, ante todo, nos da un hombre con alma.

El alma es puesta en cuestión desde hace ya tiempo en la concepción del ser humano. En su lugar se pone al cerebro, el sistema nervioso…

“De repente nos sorprendió con una frase extraña, dijo que si le abrieran a una persona la cabeza y le sacaran el cerebro, de inmediato se vería que nuestro cerebro es tan solo una coliflor. Incluso el cerebro de Chopin o de Shakespeare: tan sólo una coliflor (…). Y, qué maravilla, dijo, dentro de esa coliflor caben el cielo, la tierra, el sol y las estrellas, caben las ideas de Platón, la música de Beethoven, la Revolución Francesa, las novelas de Tolstoi, el infierno de Dante, y el desierto y los océanos, hasta para los dinosaurios y los monstruos marinos hay sitio, todo entra fácilmente en esa coliflor, las esperanzas de la humanidad, los deseos, los errores, las fantasías, hay sitio para todo…”[1].

Bogdan saca el alma de nuevo a escena y con ella su propio concepto del hombre.

En la historia antigua se habla frecuentemente del corazón. El corazón del hombre como metáfora del conjunto del sentir humano. El rostro sobre el corazón (1) es, por tanto, símbolo de ese todo espiritual que va definiendo, forjando, nuestro verdadero rostro, más cargado de riqueza en la medida en que es rica nuestra vida. El obrar que sale del espíritu a través de nuestras manos. Y ese obrar nos purifica. O no. El rostro sobre el vientre (2), los deseos más fuertes del cuerpo humano en sus necesidades vitales, que también liberan o esclavizan, que purifican o degradan. El “tercer paso de este baile” del alma por el cuerpo nos lo da la imagen del hombre asexuado (3). La sexualidad que ennoblece o esclaviza. Amor que la enriquece o ausencia de amor que la transforma en simple instinto animal. Afectos, sentimientos, principios en nuestro obrar danzan en esta trilogía de imágenes en que la alquimia purifica -o no- al alma.

En una segunda trilogía la mitad humana y la mitad putrefacción ponen de manifiesto la realidad de la muerte. El grito que manifiesta la desesperación ante la mayor impotencia del hombre que no es capaz de vencer a la muerte, el paso hacia lo inefable que nos espera. Realidad certera para todos en cualquier lugar o situación. El momento más difícil que hemos de afrontar del camino que se extiende ante nosotros. ¿De que estarán llenas -o vacías- nuestras manos cuando llegue?

Tomo fotografías para aprehender la realidad

y hago resplandecer la muerte.

La vida, si existe,

es un dejar de ser.

Muertes sucesivas

antes de la última muerte

en el lugar común

de una vida equivocada.

Peor: un reconstruirse para continuar siendo

¡en la paradoja de lo absurdo!

La fotografía como espejo

en mi álbum de familia.

Yo en diversos momentos

de mi muerte.

En la memoria un cementerio

reviviscente

¡la nada!

Yo ya morí

en cuanto a literatura

¡intentando eludir la muerte!

degrada mi existencia

buscando preservarla

mas sólo ella me sobrevive [2]

Finalmente se enfrenta al cuerpo con el eterno dualismo del bien y el mal. El lado oscuro se evidencia, aparece no solo en la oscuridad que hace que exista la luz. Del cuerpo retratado, que trata de emerger, la mirada se desplaza hacia el rostro del mal. El lado oscuro. El diálogo luz/oscuridad de Caravaggio, punto de inspiración, es también el diálogo luz/oscuridad en el interior del hombre. El mal o la luz absoluta de la total purificación. ¿Es posible alcanzar esa situación? ¿No es imposible un “todo luz” en una vida humana? Cuando en nuestra vida todo es claro hemos sabido buscar la luz en los momentos de oscuridad impidiendo que ésta nos inunde. Pero, realmente, el diálogo luz/oscuridad es la constante. Sólo cuando se equilibra, manifiesta el lado más rico del ser porque encierra en sí todas las posibilidades, todos los matices de una vida que, bien conjugados, son alquimia que crea el alma de mayor riqueza.

Bogdan Ater analiza la Alquimia del Alma fotográficamente desde solo tres elementos, luz, oscuridad y cuerpo. Y muestra los cuerpos en todas sus posibilidades tan sólo con la luz, el efecto de la luz sobre la piel del hombre. Queda simplemente plantearle el reto de expresar la Alquimia del Alma desde el cuerpo femenino. ¿Será capaz?

Begoña Fernández Cabaleiro


[1] OZ, Amós, Una historia de amor y oscuridad, Madrid, Seix Barral, 2007, pp. 210-211.

[2] MIRANDA, Antonio, meditaciones sobre la muerte

Prof. Dr. Begoña Fernández Cabaleiro, critica de arte y Bogdan Ater

Prof. Dr. Begoña Fernández Cabaleiro, crítica de arte y Bogdan Ater

Begoña Fernández Cabaleiro es Doctora en Historia del Arte. Área de especialización: Arte y pensamiento contemporáneos y crítica de arte. Tesis Doctoral: Crítica y arte abstracto en la prensa madrileña. Publicada en: Madrid, UNED, Col. Estudios de la UNED, 2005. Defendida el 27 de junio de 2003.

Miembro del CEHA (Comité Español de Historia del Arte).

Miembro de la AECA (Asociación Española de Críticos de Arte).

Responsable de la sección de crítica de arte del periódico digital VIGOMETROPOLITANO.COM.

Autora de publicaciones en revistas universitarias como Studium. Revista de Humanidades (Universidad de Zaragoza) o Espacio, Tiempo y Forma (UNED) y en actas de congresos del CEHA y la AECA y otros celebrados en distintas universidades españolas (Málaga, Granada, Palma de Mallorca…).

Responsable de cursos sobre arte y pensamiento contemporáneos impartidos en distintos museos y fundaciones culturales.

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